El sol es considerado padre de todos los Baruya, y a Venus madre. El fuego, por ejemplo, significa la presencia del sol; por lo que cuando una joven da a un hombre que no sea familiar suyo comida que ella misma ha elaborado, esta dando a entender que permite que ambos puedan tener relaciones sexuales.
Para los Baruya el semen es el motor de la vida y de la fuerza. Pero este se ve amenazado por la sangre de la menstruación de las mujeres. Lo que lleva a que en las iniciaciones masculinas -que se hacen lejos de las mujeres- se lleve a cabo la ingestión por lo más jóvenes - que aún no han estado en contacto con mujer alguna- del semen de los de mayor edad. Entendiendo que así consiguen que el poder de la vida - masculino- continue generación tras generación, manteniéndolo vivo al margen del mundo femenino, concebido como caótico y destructivo. En palabras de Maurice Godelier, antropólogo que se dedicó a estudiar esta tribu: "En este caso es la homosexualidad quien se pone al servicio del poder. [...] Así circula de generación en generación una sustancia masculina, fuente de vida, de fuerza y de poder, mantenida fuera de todo contacto con el mundo femenino." Cabe añadir que en un intento de hacer partícipes también a las mujeres en la vida, consideraron que la leche materna vendría a ser una transformación del semen.
"El shamanismo alimentario es análogo al ritual funerario, una deconstrucción de la persona-animal en substancia corpórea y ser espiritual para permitir su reconstrucción subsecuente. (...)A través de sus actividades rapaces, los cazadores cósmicos median entre los diferentes mundos vitales y aseguran la continuidad y reproducción ordenada de todas las clases de seres en el mundo". Kaj Århem, La red alimentaria cósmica.
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